¿Quién gobierna la educación escolar en el Perú? ¿La Ministra de Educación, el Presidente de la República o el Ministro de Economía pueden decidir hacia dónde va el sistema escolar, qué cambia y qué sigue igual, qué mejora y qué no? El gobierno ha anunciado el 28 de julio pasado y en la reciente presentación del gabinete ministerial ante el pleno del Congreso, que sus políticas educativas se orientarán por el Proyecto Educativo Nacional y que su propósito es lograr equidad e inclusión, reducir brechas, ampliar y mejorar la educación inicial, invertir en la educación rural y en la educación de las poblaciones indígenas. Pero, ¿puede el nuevo gobierno realizar con éxito esos cambios y lograr sus propósitos con las estrategias políticas tradicionales?
En 1990, el gobierno democrático que sustituyó a la dictadura de Pinochet en Chile también prometió mejorar la equidad y la calidad del sistema escolar. Luego de 20 años de políticas consistentes respaldadas por una inversión inmensa de recursos y esfuerzos en desarrollo curricular, infraestructura, insumos, formación y capacitación de maestros, mejora de las condiciones laborales, tecnologías, investigación y todo cuanto se considera que influye en la calidad de la enseñanza, la educación básica chilena sigue siendo una de las más desiguales y segregadas del mundo y los resultados de sus estudiantes en evaluaciones nacionales e internacionales son decepcionantes. Luego de realizada una reforma educativa que fue considerada un modelo para la región, el descontento de los estudiantes, las familias y la sociedad chilena con su sistema escolar sustenta una protesta nacional que tiene en jaque al gobierno y amenaza con impedir la culminación del año escolar y universitario. ¿Cómo impedir que algo similar ocurra en los próximos años en el Perú?
Desde hace buen tiempo, los analistas chilenos más lúcidos –a mi juicio- y más atentos a las evidencias proporcionadas por la investigación y la evaluación, vienen señalando que la dinámica de segregación, desigualdad y baja calidad promedio de la educación básica chilena se mantiene y reproduce al margen de los esfuerzos del gobierno, como consecuencia de una lógica de mercado en la cual cada familia accede al servicio educativo que puede comprar. Como si se tratara de zapatillas o de alimentos enlatados, hay escuelas para todos los bolsillos y los proveedores regulan el gasto en calidad tomando en cuenta cuánto pueden pagar y qué están dispuestos a tolerar sus clientes, dependiendo del nivel socioeconómico en el que se ubican; la mayoría de los llamados “sostenedores” privados, como es de esperar en todo negocio, buscan minimizar los costos y aumentar su rentabilidad antes que cuidar la calidad o garantizar resultados.
Muchos se preguntarán: ¿qué tienen que ver los problemas actuales de Chile con el presente y el futuro del sistema escolar peruano? ¿No es que en el Perú la mayor parte de la población asiste a escuelas estatales y gratuitas, no reguladas por el mercado sino por las políticas, los programas y los recursos proporcionados por el gobierno nacional y los gobiernos regionales? Pues la verdad es que en el Perú se observa desde hace décadas un proceso gradual y silencioso de migración de la población escolar al sector privado, acelerado en los años 90 desde la dación del Decreto Legislativo 882, por el cual hoy en Lima alrededor de la mitad de los niños y adolescentes estudian en colegios privados. Además, la gratuidad de la escuela estatal peruana es una falacia desde que son los padres de familia o las comunidades las que construyen e implementan las aulas, aportan trabajo o dinero para el equipamiento, pagan horas de docentes que el Estado no provee o hacen uso de sus influencias en la burocracia o del poder de su movilización social –cuando los tienen- para obtener privilegios en la distribución de recursos del Estado. Tanto en el sector privado como en el estatal, el sistema escolar peruano está segregado y diferenciado en función del estrato socioeconómico, cultural y étnico al que pertenecen las familias; como en Chile, la calidad y los resultados de la educación básica están fuertemente asociados a la situación de las familias en la estructura social.
Regresando a la pregunta inicial de este artículo, ¿se puede reformar la educación escolar actual desde el gobierno? La respuesta es que se trata de un desafío complejo e incierto, como lo muestra la experiencia de Chile y otros países de la región. No basta con invertir mucho dinero en infraestructura y en programas de discriminación positiva o compensatoria. No basta con renovar la burocracia, mejorar la condición laboral y profesional del magisterio, actualizar el currículo o adoptar medidas pertinentes y positivas desde el aparato del Estado. Para lograr equidad y calidad es necesario replantear el rol del Estado en su relación con la población, afirmar su papel como garante efectivo de la realización de los derechos sociales y en particular del derecho a la educación de calidad para todos y cada uno de sus ciudadanos. Se tiene que lograr asegurar a las familias de todo el país que la calidad y el horizonte de la educación de sus hijos e hijas ya no estará determinado por su condición económica, social, étnica, cultural, lingüística, de género o cualquier otra, tal como lo establecen la Constitución, la Ley General de Educación y otras normas nacionales e internacionales.
Todo indica que una clave, por lo general ausente en las políticas gubernamentales, es la dimensión subjetiva individual y cultural de la relación de la gente con la educación básica. Es fundamental recuperar el prestigio de la escuela pública como lugar positivo de formación de la personalidad y la ciudadanía en un ambiente de encuentro intercultural y de convivencia de estudiantes de diversos orígenes sociales y culturales. Se necesita elevar al máximo las expectativas de todas las familias y de los docentes con respecto a lo que pueden lograr nuestros niños y niñas en escuelas renovadas. La motivación por la enseñanza y por el aprendizaje entre los docentes y los propios estudiantes juega un papel fundamental. Hace falta comprometer a los sectores público y privado y la sociedad en su conjunto con la realización de objetivos nacionales prioritarios de equidad y calidad del sistema escolar. Es indispensable el liderazgo político de las personalidades del gobierno, desde el nivel presidencial y ministerial, en la realización de la transformación de la educación. En definitiva, se trata de llevar adelante el Proyecto Educativo Nacional al 2021 como un gran proceso de movilización de toda la sociedad por un ideal compartido, basado en la confianza en la actuación oportuna, pertinente y eficiente del Ministerio de Educación.
Me parece a mi también una cosa complicada y difícil. No sabía que en Chile se había hecho un gran e inutil esfuerzo. Como dices tu, es un compromiso de toda la sociedad el que se necesita para terminar con la segregación, que para mí es el gran problema en la educación. Los profesores deben estar mejor preparados y dedicarse seriamente a la enseñanza y no faltar a los colegios uno de cada dos días como sucede en el campo. Visité una escuela en las alturas de Cusco donde los niños y niñas vestían sus ropas tradicionales todos los dias y les enseñaban en quechua. Se les veia felices.
Que experiencia tan linda fue visitar esa escuela en Cusco. Todos estaban felices, había chicos y chicas internas porque venían de pueblos lejanos. Y otros eran locales. Todos vestidos con sus ropas de la zona de donde eran y todos amigos unos con otros.
Los profesores dedicados, no faltaban nunca aunque vivieran lejos, y hasta había una americana que en su año sabático enseñaba inglés!!!!!
Ojalá todos los colegios rurales fueran así!!
Se ha relativizado la obligación del maestro, de que debe lograr que sus niños aprendan. Todos los días vemos y sabemos que pierden el tiempo en las escuelas y se los hacen perder a los estudiantes, además de limitar su desarrollo día a día sin reclamo de nadie, ni siquiera de los propios padres y madres de familia. La impunidad que existe en el magisterio peruano es inconcebible para cualquier otra carrera. Los docentes pueden hacer “barbaridades” en las aulas y “no pasa nada”. Maestros sin tiempo para reflexionar sobre su práctica. Su horario copado con clases, no se pagan horas de reflexión pedagógica o de seguimiento de los estudiantes. Directores incompetentes, corruptos, y sin ningún poder para cambiar las cosas cuando son competentes y honestos. UGELs y DREs corruptas que venden los contratos y nombramientos en la ley de Carrera Publica Magisterial, Ministerio de Educación que se lo permite, estado que no hace nada al respecto. Prefiere que los maestros “hagan como que trabajan” mientras que el estado “hace como que les paga”. Un estado que ha logrado su objetivo; el de deshacerse de la función que le compete, que es la de ofrecer un servicio educativo de calidad. ¿Acaso el contrato social no es que nosotros pagamos los impuestos y que el estado nos provee los servicios? Particularmente conmigo, no ha cumplido su parte, la educación de mis hijos y la salud las hemos tenido que pagar en servicios privados ¿y mis impuestos, y los de mi esposa? ¿Nos están estafando? Basta ya ¿no?
El fondo del problema es político, es opción política sobre el país que queremos construir, porque si fuera verdad que queremos un país democrático y justo con igualdad de oportunidades para todos y todas, entonces se moverían todas las fichas para que eso ocurra.
Para mí el problema del Perú, es la condecendencia y muchas veces apañamiento, con esta situación aberrante en las escuelas y las aulas, en las UGELs y DREs. Hay que descentralizar el poder y dárselo a las escuelas, hay que evaluar a los Directores y docentes por los resultados de su trabajo y hay que hacer intervenir a las APAFAs y a la comunidad en la vigilancia de la calidad. Hay que eliminar las UGELs, que se informaticen todos los procesos de la administración educativa. Que se fortalezcan las redes con equipo técnicos itinerantes fuertes que asesoren técnicamente a las IIEE. ¿Para qué sirve o serviría una UGEL?
Creo que el problema chileno es que nunca se creyeron el cuento del servicio educativo de calidad y gratuito para todos y todas. El modelo económico es la única arma para transformar la educación. Mientras no quede claro que la educación (que no es lo mismo que la amputación de capacidades) es un derecho y que es la obligación del estado, garantizar servicios educativos gratuitos y de calidad, estaremos perdiendo plata y tiempo.
Autenticidad en el “rollo” de la patria para todos, y mano dura para los docentes, directores y funcionarios inmorales y estafadores.
¿Cómo puede ser posible tanta impunidad?
Estimado, comparto en gran medida su “indignación”. Creo que el problema mayor es la segregación y las políticas basadas en que la escuela pública gratuita es la opción de “los pobres del campo y de la ciudad”. En la medida que el Estado invierta, promueva, supervise y haga todo lo necesario para garantizar la calidad de sus escuelas y a la vez atraiga a estas escuelas a las familias de todos los estratos, podremos ver escuelas integradoras en las que la calidad será regulada por las exigencias de la población. Si las clases medias siguen migrando a escuelas privadas regulares y malas, no habrá manera de revertir la tendencia al deterioro de la educación estatal. El fracaso de los niños y niñas en los primeros grados de primaria debe ser algo éticamente intolerable para todos, en una sociedad que dice que “avanza”.
Creoparticularmente que si es posible hacer cambios desde elgobierno,ello implica que las autoridades educativas se compren el pleito,es decir se comprometan a lograr metas planteadas o propuestas,miremos a Ontario o York en Canada que vienen dando saltos importantes en la educaciòn asumidos desde el estado. tambien es necesario un cambio en las estrategias del estado, vale decir que las reformas deben complementarse de abajo hacia arriba, debemos tomar en cuenta los entornos de cada escuela,comunidad, regiòn. Las tomas de decisiones no solodeben ser politicas sino tambien tecnicas,implementandose la investigacion ligada a la practica docente.
un abrazo.
Ysaac Abarca Sànchez